Lo suficientemente invisible como para pasar inadvertido;
lo suficientemente visible como para no tener donde esconderme

19 may. 2006

El pacificador


"Look mummy, there's an aeroplane up in the sky"

Did you see the frightened ones?
Did you hear the falling bombs?
Did you ever wonder why we had to run for shelter
With the promise of a brave new world
Unfurled beneath a clear blue sky?
-"Goodbye Blue Sky", Pink Floyd

-Compatriotas... -la cámara hizo un primerísimo plano del líder y éste prosiguió pausadamente- les aseguro que no toleraremos a los violentos.
Con la vista fija en la cámara continuó:
-Los violentos ya no estarán entre nosotros. Aborrecemos sus métodos, sus intolerantes pensamientos, su salvajismo, sus libertinas ideas pisoteando nuestros derechos... Dígame una cosa querido amigo... -hizo una pausa y, con un gesto mezcla de firmeza y amabilidad que sólo un político entrenado puede desplegar con tanta naturalidad, preguntó-: No le dan ganas, como a mí, de buscar la pala más ancha y agarrar a uno de estos violentos intolerantes y ponerle la cabeza contra el asfalto y descargar toda su incontenible furia purificadora a palazos? No le encantaría ver la desesperación en sus rostros mientras masa y líquido encefálico forman ríos en el suelo? No disfrutaría junto conmigo gritando desaforadamente mientras lleva a cabo ese rol de pacificador de las calles?
Intentó serenarse. Y concluyó:
-Los violentos deben ser exterminados ya, sin descanso, despiadadamente. Sólo así seremos el pueblo de paz que todos nos merecemos.

5 may. 2006

27


But there's a place where I still win
But there's no money in this thing
The game of hearts puts me in spades
The only game I got it made
- "Lucky in Love", Mick Jagger

Aníbal despertó de un sueño extraño.
A pesar de no ser afecto a los juegos de azar, aquella noche, la primera de sus vacaciones en Mar del Plata, había soñado que jugaba al 27 en la ruleta del Casino y se llenaba los bolsillos de fichas que se convertirían en dinero.
No le dió mucha importancia al suceso onírico hasta que recordó el número de la habitación que se le había asignado en el hotel. Era la 27.
Claro, esa coincidencia explicaba la aparición del número en su sueño y todo parecía tener una razonable explicación.
Encendió el televisor y se sorprendió:
- "... 27 es la máxima pronosticada para hoy" -fue lo primero que dijo un periodista.
Aníbal miró la hora en la pantalla: "9:27" decía.
Se sentó en la cama muy sorprendido.
Esperó que se le pase la excitación. "Es una coincidencia increible" pensó.
Se vistió y salió pensando en las posibilidades de probar suerte en el Casino. Tal vez todo fuera una señal.
Al salir lo detuvo el conserje del hotel, el cual pidiéndole disculpas, le infomó que tenía $27 a su favor debido a un error cometido al momento de hacerle la factura.
Aníbal dijo "No hay problema" y salió apurado a la calle como queriendo escaparse del misterioso designio.
Detuvo un taxi y se sorprendió a sí mismo cuando le dijo al chofer "Al casino".
Tratando de permanecer calmo intentó distraerse leyendo los datos del chofer pegados en la parte posterior del respaldo del asiento del mismo.
El número de licencia terminaba en 27!
- 27 pesos -dijo el tipo al llegar.
-Eh!!! Cómo?
-Uy no, discúlpeme, estoy dormido... son siete pesos.
Casi desesperadamente le pagó al taxista y entró al casino ansioso por conocer lo que el destino le tendría preparado.
Se informó acerca de cómo manejarse en el lugar (era la primera vez que entraba a uno de esos antros) y compró muchas fichas arriesgando completamente la integridad económica de sus incipientes vacaciones.
Preguntó por las mesas de ruleta y se dirigió con una ceguera casi de autómata hacia ellas.
Mientras caminaba sonó su teléfono móvil. La llamada provenía de un número desconocido, número que terminaba en 27!
Aníbal no atendió y pronto dejó de sonar. Había 4 mesas de ruleta. Dividió la cantidad de fichas proporcionalmente en 4 partes y apostó a pleno al 27.
En la primera mesa salió el 15, en otra el 8, en otra el 31 y en la última el 18.

Tres días después, vertiginosamente empobrecido, estaba en la boletería de la terminal de ómnibus, contando los billetes para poder regresar.
-Buen día. Te queda algún pasaje a Buenos Aires para hoy?
-Uhmmmmm.... no- dijo finalmente el vendedor sin quitar la vista de la pantalla de su computadora.- Lo más pronto que tengo es para mañana.
-Mañana? -dijo Aníbal pensativo.
El vendedor parecía disimular una sonrisa macabra:
-Sí, mañana, jueves 27.