Lo suficientemente invisible como para pasar inadvertido;
lo suficientemente visible como para no tener donde esconderme

23 jun. 2008

Con qué sueñan tus hijos?


Me da la impresión de que con frecuencia perdemos (o nunca tuvimos) la visión esa de que los cerebritos de nuestros hijos son plantitas en pleno crecimiento, sedientas, absorbiéndolo todo.
Y nos encontramos a nosotros mismos regando sus mentes con agua podrida, contaminada o escupida por otros.

Con qué sueñan tus hijos? Cuando yo era chico recuerdo que tenía una pesadilla recurrente: la caída libre. Lógico sabiendo que vivía a 11 pisos del suelo. Salvo por eso, mis sueños de niño incluían bicicletas, compañeros de escuela, amigos de la tarde, aviones, carreras, sorpresas, viajes...
Cón qué sueñan tus hijos hoy? Te animás a descubrirlo?

"Soñé que un chorro entraba por la ventana y nos mataba", "soñé que la policía te disparaba", "soñé que un camión se subía a la vereda y nos aplastaba", "soñé que no teníamos plata para comprar comida", "soñé que un hombre sacaba un revolver en el tren y mataba a todos menos a mí", "soñé que estabamos en guerra", "soñé que lloraba mucho porque ustedes ya no estaban"...

En este mundo superglobalizado, ultracomunicado, en el que el nuevo analfabetismo parece ser no estar informado, yo digo: no estamos llenando la cabeza de nuestros hijos con muchas cosas de "grandes"? Lavamos las verduras de lo que ven así como lo hacemos con las que comen? Qué nos pasó? Es qué no tenemos la capacidad de filtrar contenidos, de contener a los nuestros o de proteger? Simplemente nos sentamos a dejar que los Medios con sus garras de buitres alimenten a nuestra descendencia?

No pretendo aislarlos, ni que vivan otra realidad, sino tan sólo darles la oportunidad de que vivan como niños, disfrutando esa etapa formidable de princesas y superhéroes, de fantasías y sueños. Ya tendrán tiempo de sobra para la abominable basura de los grandes.

6 jun. 2008

Robo


Watching the days slip by so fast
Knowing our fate has long been cast
Working our fingers to the bone
Cause nobody loves you when you're gone

Coughing up feeling just for you
To find something real to hold on to
But there is a hole inside my heart
Where all of my love comes pouring out.
- Garbage, "Nobody Loves You"


Un cyber, un locutorio, lo que sea que me permitiera conectarme a la red de redes. Eso necesitaba en mi camino a casa.
-Buenas, alguna máquina libre? -pregunté a la chica de la caja que tenía uñas negras y las orejas totalmente perforadas con decenas de aritos.
-Vas a tener que esperar un rato -me dijo mascando chicle con la boca abierta. Pero al instante, como respondiendo a un estímulo eléctrico de alto voltaje agregó:
-Mirá ahi justo se desocupa una... la 26.
Empecé a caminar por un pasillo oscuro rodeado de pantallas radiantes y ojos demasiado jóvenes para alimentarse de tanto veneno lumínico, abstraídos... por momentos suspendiendo por completo el pestaneo, suponía yo.
26... 26... me concentré en buscar el número y no pude evitar un choque de hombros con quien acababa de dejar libre la máquina. Sin siquiera mirarlo dije "perdón" exactamente al mismo tiempo que él (cuya voz me resultó totalmente familiar).
26... ahi estaba... mi antecesor había dejado su navegador abierto... y oh sorpresa... la página a la vista era mi blog... mi querido Pánico Escénico.
Por unos instantes dejé que el asombro me guiara, en silencio, inmóvil. Hasta que noté que mi usuario estaba logueado en Blogger.com. Y ahí el asombro mutó en espanto.
Decidí que debía seguir a ese cibernauta. Quién era? Por qué había usurpado mi usuario y mi clave?
Salí a la calle intentando ubicar entre la gente al misterioso personaje. Ni siquiera lo había observado pero me había parecido que llevaba una campera negra de lana.
-Qué pasó?- escuché preguntar a la chica del cyber cuando me vió salir. A unos 50 metros se alejaba el tipo de campera negra. No había otros candidatos a la vista, casi con seguridad era él.
Aceleré el paso y a medida que me le acercaba mi curiosidad crecía. En seguida me recordó ciertas filmaciones familiares, fragmentos únicos en donde uno puede verse a sí mismo en movimiento.
Lo cierto es que su andar era como el mío, su postura corporal, su cabello, la típica actitud con las manos en los bolsillos de los pantalones.
Él (yo?) apuró el paso y le hizo señas a un taxi. "Yo nunca tomo taxis", pensé. Corrí, no alcancé a detenerlo pero lo ví pasar y pude ver su rostro.
-Qué pasó flaco? Te afanaron? -me preguntó un tipo de esos pocos que siempre están dispuestos a ayudar al ver mi agitación-. Estás pálido, no se te ve bien, por qué no te quedás un rato sentado?
Contesté automáticamente que no pero igual me senté en el cordón de la vereda, con los pies en plena avenida.
Y algo sucedió, no podría explicar qué. Diría que me quedé dormido o que sufrí un desmayo por unos momentos...
Lo sorprendente es que de golpe ya no sentía nada: ni asombro, ni miedo, ni espanto, tampoco intriga.
Sólo sé que me puse de pié y fui a la parada de colectivo. Revisé mis bolsillos y noté que no tenía ni mi billetera ni mis llaves! No me importó, subí al colectivo detrás de una señora con bolsas de supermercado. El colectivo arrancó practicamente antes de poder subirme. "Ehhh!!!" exclamé e intenté explicarle al chofer mi problema, no tenía monedas ni nada.
El hombre me ignoró totalmente, como si yo no estuviera, así que pasé sin decir nada.
Cuando bajé a 5 cuadras de mi casa (el colectivero no se detuvo cuando yo toqué timbre en mi parada), me encontré con Miguel, uno de los pocos vecinos con los que hablo asiduamente. Lo saludé pero me ignoró. En fin, a todos nos puede pasar tener un muy mal día.
A pocos metros de mi puerta detuve mis pasos. Me quedé sin moverme, escuchando. Evidentemente "el otro" ya había llegado.
Era su voz... no no, mejor dicho era mi voz la que provenía del patio. Puedo asegurar que ya no sentí sorpresa, ni pena, ni angustia... ni nada. Ya no podía.
Simplemente acepté los hechos y me marché. Había sido reemplazado y nunca nadie lo notaría. Estoy seguro.
Ahora sólo era un envase, en otro plano de existencia, una embarcación a la deriva sin timón. No quise perder tiempo y me puse en camino.
Ahora era mi turno, debía conseguir una vida lo antes posible.