Lo suficientemente invisible como para pasar inadvertido;
lo suficientemente visible como para no tener donde esconderme

18 mar. 2005

Al desnudo

La vida te da sorpresas,
sorpresas te da la vida... ay Dios
- "Pedro Navaja", Rubén Blades

El paisaje era acuoso. La sensación: placentera, cálida.
Allí estaba yo, en ese reducto blanco, cuna de diversas inspiraciones, sitio donde se han tejido innumerables sueños.
Mi mente, absorta, brincaba entre variados mundos cerebrales mientras mis manos, casi automáticamente, seguían las instrucciones de un subsonciente ya habituado a las tareas más cotidianas.
Pero de pronto todo ese clima se esfumó. Yo sabía que eso sucedería. Desde el principio lo presentía.
Un frío helado me recorrió de arriba hacia abajo quitándome el aliento, suspendiendo mis latidos.
Reuní mis fuerzas casi extintas para emitir un grito desesperado; con voz temblorosa pero potente, un grito espantoso colmado de furia, de impotencia, de sed de justicia:
- QUIÉN ABRIÓ LA CALIENTE?!?!?!?!

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