Lo suficientemente invisible como para pasar inadvertido;
lo suficientemente visible como para no tener donde esconderme

8 feb. 2005

El encuentro

Jorge Gutundio había llegado puntualmente al consultorio del doctor Ferrero a la hora estipulada por el turno.
Muy a su pesar, después de meses de extraños síntomas, se había realizado numerosos estudios forzado casi por la empresa en la que trabajaba. Estaba claro que Jorge no quería ni ver a ningún médico ni hacerse estudios.
La sala de espera del consultorio le llamó la atención desde un primer momento. Sobre una extensa pared colgaban muchos, muchísimos cuadritos de títulos y diplomas de los más variados. Seguramente había más de 100.
"Es una eminencia el doctor", le había dicho un amigo.
Un señor muy mayor con bastón ocupaba uno de los tres sillones rojos de la sala. Frente a él una mujer joven, de menos de 40 años hojeaba una gastadísima revista "Para Tí" sin levantar la vista.
Jorge saludó y se sentó en el lugar libre, justo al lado de las revistas.
No encontró mucho en ellas que fuera de su interés. Todas eran muy viejas. Así que decidió mitigar la espera leyendo la pared. De fondo se escuchaba una música totalmente adormecedora.
Se puso de pié. Había títulos otorgados por altas casa de estudios, certificados de asistencia a simposios, conferencias, congresos, etc. Distinciones que algún que otro intendente le había otorgado, etc., etc., etc.
Pero muy en lo alto, casi en un rincón, a una distancia que lo hacía casi ilegible para el ojo humano pudo leer en uno de esos papeles prolijamente enmarcado algo siniestro. El cuadrito en cuestión, a primera vista, no se distinguía en nada del resto pero decía:
"Escuela Superior de Falsificación de Títulos, Certificados y Documentos".
Siguió leyendo:
"Habiendo cursado y aprobado todas las materias correspondientes al curso de Falsificación dictado por esta entidad, se le otorga al señor Dalmiro Ferrero el título de Falsificador Profesional de Títulos y Certificados... bla bla bla"
Jorge quedó impactado. Observó la fecha. Era anterior a la del resto de los títulos. Miraba los rostros de los pacientes que esperaban su turno y pensó que todo era muy extraño.
La verdad estaba ahí al alcance de la mano o de la vista de todo el mundo, sólo había que buscarla un poco.
O tan sólo sería una broma del médico a la espera de que alguien le dijera algo al respecto?
Con qué fin alguien colgaría semejante título junto al resto?
Y si ese título también es falso?
Aunque si ese fuera falso, todos los demás podrían ser verdaderos?
Los pacientes podrían ser también falsos?
Y el consultorio?

Con esa maraña de pensamientos confusos en su mente Jorge se sentó nuevamente a esperar su turno. Eligió no decir nada y esperar.
Cuando al fin se sintió lejana la voz del médico llamándolo por su apellido se puso de pié y tuvo un muy mal presentimiento. Una opresión en el pecho fue lo que siguió a ese inexplicable sentimiento.
De todos modos, con paso firme, se dirigió al encuentro.

CONTINUARÁ...

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